Muchas personas creen que han nacido con un destino predeterminado, que la unión de distintos factores determinarán un límite en el desarrollo de la vida. La vida con el Espíritu Santo nos lleva a romper las barreras que están encriptadas en nuestra humanidad. La unidad espiritual con su persona nos permite alcanzar un potencial mucho más elevado de lo que podemos pensar o realizar.