El duque y la cantante
¿Qué mujer no sentiría calor y se ruborizaría si Titus Alexander la miraba así?
Roxanne Carmichael había formado parte de un grupo musical de gran éxito y estaba acostumbrada a que la mirasen miles de ojos, pero en esos momentos en los que se dedicaba a fregar suelos una mirada condescendiente del duque de Torchester era suficiente para hacer que le ardiese la sangre de ira... ¡y de atracción!
Titus no soportaba a las personas mentirosas y nunca bajaba la guardia, pero su nueva sirvienta estaba haciendo que su autocontrol se tambalease con sus increíbles piernas y su traviesa boca. Titus sabía que solo había una manera de sacársela de la cabeza, y era metiéndola en su cama.
La verdad de sus caricias
Le bastaba chasquear los dedos para que las mujeres lo obedecieran.
Acalorada y exhausta por el bochorno milanés, Caroline Rossi entró en las elegantes oficinas de Giancarlo de Vito y comenzó a sentirse gorda, fea y prácticamente invisible. La despiadada ambición de Giancarlo lo había llevado hasta donde estaba, pero no había olvidado las penalidades sufridas ni la sed de venganza que solo Caroline podía ayudarlo a apagar.
Acostumbrado a que las mujeres se desvivieran por complacerlo, Giancarlo se sintió perplejo al ver que ella se negaba a seguirle el juego. Para lograr vengarse tendría que recurrir a su irresistible encanto...