Firth está dispuesto a acabar con su vida pero, antes, decide viajar a
Muckle Flugga, un islote remoto en el extremo norte de Escocia, para cumplir una promesa que le hizo a su abuelo: pintar un alcatraz. Allí,
los únicos habitantes son el farero y su hijo, un muchacho tan imaginativo como solitario. La convivencia entre ellos amenazará los frágiles relatos con los que cada uno ha aprendido a sobrevivir. Michael Pedersen construye
una novela luminosa y feroz sobre quienes han naufragado sin hundirse del todo y sobre los vínculos improbables que pueden devolvernos a la vida.